EL LIBERALISMO Y LOS MONOPOLIOS
En nuestro país ha prosperado, desde hace décadas, una estrategia económica que rinde culto a la liberalización del mercado, demonizando el concepto de monopolio. Así se han liberado las televisiones, los aviones, los teléfonos, los combustibles, la corriente eléctrica,…. y se quieren liberar los trenes y correos y flexibilizar el mercado de trabajo. En este afán liberalizador, los distintos gobiernos españoles – exacerbadamente el del PP – han dilapidado, y mal vendido, empresas de capital público, quedando al estado sin capacidad práctica de intervenir en la economía, pecado del señor, ni de frenar los precios de productos básicos.
Y todo con la falaz escusa de la competitividad y la bajada de precios de esos productos. Evidentemente, como ese no era el objetivo de tales medidas, los precios no han bajado, y por tanto las comunicaciones telefónicas, los combustibles, la electricidad y otros productos liberados, están cada vez más caras, y por supuesto las plantillas de trabajo superajustadas, y las listas del paro con una inflación de aupa. Se aprecia, en suma, un monopolio tácito, que se ejerce por las grandes empresas, que supuestamente compiten entre sí, poniéndose de acuerdo en poner los precios máximos. Y en todo este proceso se ha dejado en el camino un sinfín de prejubilad@s y/o parad@s, y también la generación de pingues beneficios a algunos tiburones financieros, que antes, durante o después, han flirteado con las direcciones generales de las políticas.
Perplejo nos quedamos con estas maniobras y ante este despropósito, que se podría llamar “liberanizaje”, imitando a los conservadores, cuando se referían a la libertad en la Transición democrática. Esto del capital, que todo lo invade, parece el mundo al revés, pues los defensores del liberalismo, que defienden la competitividad, no tienen ningún empacho en ejercer su control y manipulación para evitar las reglas autoimpuestas, y dominar con mano de hierro los precios y los mercados, pasándose por el forro de donde dijimos, sus principios liberales.
Esto, que se ha venido en llamar capitalismo salvaje, aquí y ahora bautizado como capitalismo de rostro humano, se ha defendido en la práctica por las grandes patentes electorales, con marcas de PSOE O PP, e incluso los dirigentes de estos logotipos, aprendiendo del mercado real, hacen sus pinitos en materia de la cesta electoral, a través del control de los medios de comunicación de masas. Y si no, qué son esos regalos de la TDT de pago, hacia televisiones amigas, que traen a muchos comprando fútbol, y que hace a los aparatos recién comprados, inservibles.
¡VAYA ESTAFA LIBERAL!
